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viernes, 29 de diciembre de 2017

LA MAESTRA AURORA PÉREZ, EJERCIENDO EN LA QUEBRADA


Durante muchos años, y en relación a la educación, no hubo en los territorios de las Quebradas ni maestra ni escuela. Solo se conoce la excepción de la maestra Aurora, que daba clase en la boca de la Quebrada El Ingenio. Los primeros testimonios acerca de ella los recogí de Claudia Rojas, quien recordaba que sus hermanos mayores aprendieron a leer y escribir con ella. Confirmó el testimonio la señora Pompeya, hija de Gabino Mujica, quien recordaba cómo ella y sus hermanas recibieron clases de esta maestra. En base a estos recuerdos, se puedo establecer una cronología aproximada: esta maestra habría estado en la Quebrada el Ingenio entre los años 1945 y 1965. Los gobiernos de la época organizaron este sistema de maestras rurales, enviando jóvenes con la Instrucción Primaria terminada, a los lugares más apartados del país. Aurora que vivió en San Diego primero, y finalmente en Los Teques, bajaba a la Quebrada a dar clases en una casita con patio, que las familias habían dispuesto para ello.
En una entrevista casual con la madre del cronista de los Teques César Gedler, y digo casual pues a quien visitaba era al propio César por recomendación de la amiga Yurimia Boscán, pude completar cierta información acerca de esta maestra Aurora. Se trata de Aurora Pérez, de San Diego, nacida en torno a 1920. La señora Mercedes Lozada de Gedler, madre de César, la recuerda como una mujer elegante y alta. Evoca además, cómo en varias ocasiones se alojó en la casa de la familia Pérez en San Diego, cuando –en su rol de maestra auxiliar- acompañaba circunstancialmente a su hermana Telma Lozada de Izarra, quien ejercía como maestra en Cocorote, en una modalidad similar a la de la maestra Aurora. Ambas hermanas Lozada se trasladaban a pie desde Los Teques a San Diego, para su trabajo semanal como educadoras. Los lunes partían, a las 4 am,  para comenzar las clases a las 10 am. Los sábados, a primera hora de la mañana, emprendían el viaje de regreso a los Teques.
No tengo certeza de que esta Aurora fuera la misma maestra que recuerda el Coplero de Guareguare, Margarito Aristiguieta, cuando refiere su experiencia de aprendizajes iniciales a César Gedler, quien recoge su testimonio de vida en un libro. Pero se sabe de la existencia de una rústica escuela con bancos improvisados en el lugar de Guareguare. La maestra Aurora es recordada más bien en la Quebrada El Ingenio, aunque ambos son parajes cercanos.

La señora Mercedes Lozada recuerda también que, años más tarde, la maestra Aurora residió en la calle Roscio de Los Teques, aunque probablemente ya no ejercía como maestra.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Vida cotidiana en La Quebrada


Vega con matas de mango

Actividades socio económicas en el siglo XX


Con fundamento en las entrevistas realizadas a varios pobladores de El Cristo y Unión, provenientes de La Quebrada, se pueden avanzar algunas consideraciones.
El modus operandi más antiguo de las familias para su desplazamiento en el siglo XX era el siguiente: primero llegaban a la casa de algún conocido, mientras construían su casa de bahareque. Luego le pagaban con el trabajo de siembra al que los había hospedado en su casa. Era una especie de alquiler, pagado con trabajo.
Por terreno no había problema, durante los años 40 y en esta zona más apartada de las quebradas, porque nadie se hacía pasar por propietario. Así lo cuenta el señor Evaristo Mujica: Terreno sin dueño pues, porque cada quien se hacía dueño del terreno…  (rozaba) y ya era suyo.
Eso se explica pues tras la depresión del 29 y la consecuente caída de los precios del café muchos de estos territorios habían sido abandonados.
Los habitantes de la Quebrada, que llegaron a ser más de cincuenta familias (incluyendo Quebrada Grande, El Ingenio, Santamaría y otras cercanas), tenían cada quien su siembra y sus animales. El método de preparación del terreno para siembra era la roza, y la quema posterior, lo que queda establecido como un método mucho menos abrasivo que la quema extensiva.
Sembraban caraota, frijol, yuca, maíz, caña[1], quinchoncho, ocumo, cambur, café, cacao, y en menor cantidad, tomate y otras hortalizas; y criaban animales: cochinos, gallinas, chivos, unas pocas vacas, caballos y burros para carga. El señor Virgilio tenía bastante burro. Los empleaban para subir la cosecha y venderla en la ciudad. En el puente de La Matica y en el Cabotaje vendían sus productos. Al señor Tomás Manso, de Puerto Escondido, también le llevaban mercancía. Además, los vecinos de la Quebrada plantaron árboles de aguacate, mango, naranja, limón, lechosa y otros. Las matas de onoto y otras ornamentales eran comunes en las cercanías de los ranchos. Algunas mujeres, acompañadas de sus hijas o nietas, subían desde la Quebrada con su cesta de aguacate para la venta. Posteriormente se comenzaron a comercializar los terrenos y casas. El señor Celso, por ejemplo, vendió su terreno por los años 60.

Típica vega, en la que se asentaban las casas de bahareque (Quebrada Grande)

Además del trabajo de conuco, cría de animales y bodegas, otras actividades económicas eran la producción de carbón de madera y la apicultura (desarrollada por Juan Rojas, el colmenero).
Sobre la fabricación de carbón evoca J.G.:
Mi papá (Basilio) era carbonero. El carbón era la leña. Uno cortaba la roza, sacaba la madera, los palos, tumbaba con hacha, después quemaba la roza. Después papá la rodeaba. Después iban y armaban el horno. Yo lo sé armar. Lo tapaban con tierra y monte. Mi papá y mi tío Nicolás hacían carbón, y lo llevaban a vender en Don Marcos Díaz, los almacenes mayores, en Cabotaje, junto a la UNESA.  Don Marcos compraba verduras, granos, carbón y, en general, la cosecha de los conuqueros; además les vendía el mercado, que lo pagaban con frecuencia con su cosecha. A los conuqueros habituales también les fiaba, hasta el tiempo de la cosecha. A Tomás Manso, en Puerto Escondido, le llevaban tomates, maíz. Los sábados era el día de mercado. Subían con todos los burros a llevar la carga al mercado. El que no tenía burros, o tenía mucha carga, alquilaba el flete de los burros.
Otra actividad complementaria era la caza. Todavía en el año 2017 nos tocó ver en el recorrido de la quebrada a un grupo de cuatro cazadores, con sus perros y escopetas, siguiendo la pista de los báquiros.
Nosotros cazábamos venado, báquira, lapa, acure, y toa vaina –recuerda Evaristo M. Nosotros no teníamos perros pero la demás gente tenía perros. Le echaban los perros al venado. Hay que saberlo cazar, corre más duro que el carajo. Los perros los buscaban por el rastro. Perro arrecho. Perros buenos. Unos que llamaban los López, unos que vivían por Paracotos, tenían perros buenos. Un perro bueno no lo vendían. Había manadas como de veinte báquiros. [2]

Los báquiros buscan donde retozar y alimentarse

Los perros siguen el rastro de venados, acures y báquiros

Los niños jugaban con agua, hacían pozos –pequeños desvíos- en la misma Quebrada Grande, y se bañaban en ellos. En esa época las aguas eran limpias y utilizables para el consumo de los pobladores, humanos y animales. Cuando las aguas del torrente principal dejaron de ser potables –sobre todo a raíz de los vertidos de los edificios de La Ladera, ya en los años 70, quedaban no obstante diversos pozos de manantial, con agua pura, tanto en la Quebrada Santamaría como en la de El Ingenio, y en la de Guareguarito.

Pozo de manantial en la Quebrada El Ingenio. De ahí se tomaba agua para beber.

Los niños también jugaban con metras y pelota de goma. La hora del juego era al anochecer, después de acarrear el agua necesaria, y de hacer los oficios de la casa. Se agradecían las noches cuando estaba la luna clarita, pues entonces los hermanos y hermanas menores podían jugar hasta tarde en el patio de la casa. A  veces los niños se acostaban a ver las estrellas y los cocuyitos que alumbraban con intensidad esos campos.
Los muchachos se enamoraban cuando iban a la quebrada a buscar agua. Allí se iban conociendo. Por los caminos y conucos también se encontraban y enamoraban. En época de trabajo se ayudaban unas familias a otras, o se contrataban a los jóvenes como peones. En el intercambio de trabajo se iban conociendo más. Los jóvenes varones tenían más libertad para salir de sus casas de bahareque a visitar a las otras familias, pero las jóvenes no tanto. Para casarse lo debían autorizar los padres. El pretendiente hacía la casa de bahareque para la pareja y, tras obtener el permiso del padre de la joven, se daba por hecho el matrimonio. No había formalidades ni civiles ni religiosas. Algunos jóvenes varones tenían la costumbre de lanzar piedritas a la muchacha que le gustaba. Era una señal de su interés por ella.

Restos de fogón de vivienda en la Quebrada El Ingenio

Las mujeres todas parían allá abajo. Se mencionan algunas comadronas. Anselma Castro vivía un poco más abajo de la Q. Santamaría, en Q. Grande, y era tenida por muy buena comadrona. Josefa Ramos, vivía en la Q. El Ingenio. Viviana era otra comadrona que vivía en El Cristo. A pesar de la existencia de estas pocas comadronas, también se conoce algún caso de neonatos muertos, como dos morochos Granadillo.
La gente poco se enfermaba. Cada familia usaba sus propios remedios naturales. Los remedios de la mamá de Claudia Rojas eran los siguientes: la fregosa con el mastuerzo para los parásitos, para la diarrea la sopa de cambur verde y ocumo, para la fiebre la mata de cundiamor, para dolores de barriga el ajo con aceite, para el oído el árbol de algodón, la mata de malva para el dolor de cabeza, pasote para la tos. Cuentan que Luis José quitaba mal de ojo y curaba picado de culebra. El señor Evaristo Mujica, cuando vivía en la Quebrada, fue picado por una tigra en el año 1964 y ensalmado por este José Luis o Cipriano, otro vecino conocedor de tales artes.
En relación a la educación, tampoco había maestra ni escuela, a excepción de la maestra Aurora, que vivía en la boca de la Q. El Ingenio, y que es recordada entre los años 1950 y 1965 dando clases. El gobierno de la época pagaba a la maestra, que vivía en la ciudad y bajaba a la Quebrada a dar clases en una casita con patio, que las familias habían dispuesto para ello. Los hermanos mayores de Claudia Rojas aprendieron a leer y escribir con ella. Las hijas de Gabino Mujica también recibieron clases de esta maestra.
No había luz eléctrica, ni llegó a haberla en la Quebrada. Utilizaban lámparas de querosén. Allí poco se escuchaba música, ni había radio. Sin embargo, había varias bodeguitas y canchas de bolas (Nicolás González y Jesús Pacheco tenían cancha). Y había algunos arpistas y músicos (Eusebio Reveti, Gabino Mujica y Ramón Huerta tocaban arpa; Evaristo Mujica, su hijo, y Basilio González cantaban). Más tarde se usaron radios a pila, y también linternas para alumbrarse.
Pila de linterna, pieza de lavaplatos, y rueda de caucho maciza,
hallados en vivienda de El Ingenio (2017)


Poste testigo del proyecto incumplido de 
electrificación de la Quebrada
(cerca del año 1970) por el antiguo sendero de San Corniel.

Mi papá Basilio cantaba joropo mirandino. Papá me contaba. Amanecían en la quebrada bailando y tomando. Tomaban cañablanca (o cañaclara) y vino para las mujeres. Era vino dulce, Sagrada Familia. Las mujeres no tomaban caña. Pero ahora no, ahora está todo eso igualito. (JG)

Hilera de cauchos delimitando la cancha de bolas al borde de la Quebrada. Así como ésta,  existieron varias canchas, tanto en Quebrada Grande, como en Quebrada Santamaría  y en  Quebrada El Ingenio.




[1] Menciona la caña la señora Valentina, cuyo papá provenía de Lara. Actualmente, Manuel Yépez, oriundo de Lara, también muestra interés por la siembra de la caña.
[2] Ver https://es.scribd.com/doc/69856147/Historia-Local-de-Paracotos, para una referencia más amplia a la fauna y la caza.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Noviembre de cultura en el Cristo





Entrevistas para la recuperación de las Memorias de la Quebrada.
De la Casa Comunitaria Peruchito: Carmen Emilia, Eliana, Luz Marina y Tomás

Visita a los señores: José, Pilar y Domingo, Claudia.






 


Actividades de tarjetería y música preparando la Navidad













Ensayo del Aguinaldo: Corre, caballito, con dramatización.


 

Actividades de apoyo escolar. Emilia, Darwin y Tomás, en fotos. Participación adicional de Eliana y Luz Marina. Puede apreciarse el provechoso uso de las Canaimas en funciones de investigación con acceso gratuito a internet.








 


 





Actividad lúdica: la pirámide


Gracias a la colaboración de unos amigos se comparte un plato de lentejas con arroz, y unos plátanos verdes sancochados, que prepara con excelente mano Emilia. 




Presentación del libro de la poeta Wafi Salih, en la Filven de Caracas, día 18, sábado. Con el poeta Ennio Tucci.
La poeta acompañó a la comunidad de El Cristo en los días siguientes a la Filven.


DE LA MUERTE DE GISELO MARMOLÉ A LA LEYENDA DEL APARECIDO



Era un día sábado. Ellos venían de hacer un mercado. Venían con su burrito, como todos los sábados. Venían bajando y bajaban alegres, tomando su poquito de aguardiente, que llevaban en el bolsillo, eso es lo que se tomaba, puro aguardiente.
Llegando al Cerro, les dice a los compañeros, a otros compañeros que venían con él -en la curvita esa, allí donde él murió-, les dice: Vayan andando -iba un poco curdo-, vayan andando que yo voy a pararme aquí, pa echa una orinadita. Vayan andando.
Los compañeros siguieron y lo fueron a esperar allí en la curva, en la planada aquella. Vieron que no llegaba, y dicen: bueno, ¿qué será, se quedó dormido? Porque había tardado mucho.
Uno se regresó a ver qué había pasado. Y lo encontró muerto. Murió de repente. (-¿Fue de un infarto?). Sí, fue de un infarto.
Después, allí mismo creció una mata de esa que llaman corona de cristo, esa estaba bonita, y una mata que llaman tucusito también tenía el lugar. Y las piedras, había tantas piedritas, hasta yo le echaba piedrita. Y se formó un montoncito. Porque es para la gente que muere en los caminos. Pa su descanso, le decían, y lanzaban la piedrita.

Su muerte en el camino y la tradición religiosa de lanzar la piedrita para su eterno descanso, dio origen a la leyenda del aparecido, según la cual los que pasaban debían lanzar una piedra para que el muerto no asustara.


(testimonio de J. G., El Cristo, La Macarena Sur, 15 de noviembre 2017, sobre la transformación en leyenda: Emilia Arráez; transcripción libre: Tomás Martínez)
(foto: http://www.imageflora.com/image/euphorbia-milii-red-bracts-and-flowers-spikey-stems-in-southern-teneri/)


domingo, 5 de noviembre de 2017

Gentes de la Quebrada



Vista de las montañas (y al fondo las quebradas) desde el Norte (El Topo): quebradas de Carrizal-Los Pretiles (izquierda), San Corniel-La Matica (derecha), Santamaría (derecha, detrás) y San Diego-Guareguare (izquierda, al fondo)


En Los Teques, algunos de los habitantes del actual barrio El Cristo, probablemente los más antiguos, provienen del entorno de La Quebrada. Con este nombre genérico denominan aún al lugar quienes allí vivieron, o quienes actualmente lo recorren para la caza, la siembra o la recolección de frutos silvestres.
Buena parte de las quebradas de la vertiente sur de las montañas de los Altos Mirandinos, desde San Diego a Guaremal y algo más allá, caen al río Tuy, justo en su paso por el Caserío Palo Negro, cercano a Paracotos.
Numerosas quebradas se adentran y zigzaguean en el corazón de estas serranías. Desde lo alto de Potrerito llega un caudal que recoge aguas de Carrizal, de la Macarena, la Matica y San Corniel. Cerca del lugar donde entrompan estas aguas de San Corniel con el cauce principal, se forma una primera vega en la vivieron algunos de los antiguos vecinos de El Cristo, quienes se refieren al pequeño núcleo poblado allí existente como Quebrada de San Corniel.
En su avance hacia el sur, el cauce originado en Potrerito, recibe las aguas de Guaremal y los Barriales en la denominada Quebrada Santamaría. Allí, en su entorno vegano, existió otro núcleo homónimo de la quebrada, más numeroso que el primero.
Otras quebradas más, enriquecen el caudal principal desde el oriente. Son las que nacen en San Antonio, San Diego y Guareguare. En zona cercana al lugar donde se unen estas aguas con las que provienen de las quebradas antes referidas, un nuevo rancherío de bahareque, de nombre El Ingenio, es referido por los antiguos como asiento de sus ancestros.
Al rancherío más cercano al caudal principal entre Quebrada Santamaría y El Ingenio lo refieren como Quebrada Grande.  Se menciona además el lugar de Cañaote, probablemente más al sur, como geografía de antigua mudanza campesina.
Los habitantes de El Topo y Los Pretiles evocan a sus antepasados desplazándose por el Ingenio, Cañaote, Quebrada Santa María y Quebrada San Corniel.


Esquema de las quebradas mencionadas en el texto
Norte-arriba, sur-abajo.

El modus operandi de las familias para su desplazamiento era el siguiente: primero llegaban a la casa de algún conocido, mientras construían su casa de bahareque. Luego le pagaban con el trabajo de siembra al que los había hospedado en su casa. Era una especie de alquiler, pagado con trabajo.
Por terreno no había problema, porque nadie se hacía pasar por propietario de esos montes. Los habitantes de la Quebrada, que llegaron a ser más de quince familias, tenían cada quien su siembra y sus animales. Sembraban caraota, frijol, yuca, maíz y caña, tomate y otras hortalizas; y criaban animales: cochinos, gallinas, caballos y burros para carga. El señor Virgilio tenía bastante burro. Los empleaban para subir la cosecha y venderla en la ciudad. En el puente de La Matica vendían bastante tomate. Además, los vecinos de la Quebrada plantaron árboles de aguacate, mango, naranja y otros. Algunas mujeres, acompañadas de sus hijas o nietas, subían desde la Quebrada con su cesta de aguacate para la venta.
Los niños jugaban con agua, hacían pozos, y se bañaban. Por los años 50 las aguas eran limpias y utilizables para el consumo de los pobladores, humanos y animales.  Los muchachos se enamoraban cuando iban a la quebrada a buscar agua. Allí se iban conociendo y enamorando. No había luz eléctrica. Utilizaban lámparas. Allí no se escuchaba música, ni había bailes, ni había radio, nadie de esas quebradas tocaba instrumentos…. 
La gente poco se enfermaba. No había médicos ni curanderos por todo eso. Cada familia usaba sus propios remedios naturales. Tampoco había comadrona. Se conocen varios casos de neonatos muertos. 
En relación a la educación, tampoco había maestra ni escuela, aunque después del año 50 se recuerda una maestra por la quebrada de Guareguare, en el rancherío de El Ingenio.
Por allá se asentaron Rita y su hermana Andrea Rojas, nativas de Guareguare. Andrea se casó con Narciso Granadillo y Rita con Nicolás González. Ambas parejas vivieron por la Quebrada durante los años 40 a 60. Por esas Quebradas anduvo Valentina hasta sus veintidós años y tuvo cuatro muchachos: Marcelino, Valerio, Natividad y Silveria. Por esas quebradas anduvieron durante más de dos décadas su padre, el señor Narciso, y sus hermanos Abel, Pablito, Miguel y Sotero. 
Específicamente, en el entorno de la Quebrada Santa María y Quebrada Grande vivían varias familias más: Ambrosio González; Rosa Rojas, con Juan Rafael, y su hijo Marcos; Celso, en una vega grande, con Martín, Rómulo y Catulio; Hermenegildo, que se fue a Guaremal; Quintina; Virgilio, propietario del mayor número de burros (más de diez); Eusebio y Francisca; entre otros.
De estas gentes vienen nuestras raíces. Es lícito preguntar de dónde llegaron sus antepasados. Hay indicios para creer que la mayor parte de ellos provenían de la parroquia San Diego, o al menos de ella dependían, pues la mención de Guareguare cobra relieve en sus testimonios.
Y más allá podemos preguntar: ¿qué relación tenían estas gentes antiguas con los originarios teques que poblaron estos cerros y trazaron cicatrices en la montaña? No es descabellado creer que su marca quedó firmemente grabada entre los pioneros pobladores de El Cristo.