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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Vida cotidiana en La Quebrada


Vega con matas de mango

Actividades socio económicas en el siglo XX


Con fundamento en las entrevistas realizadas a varios pobladores de El Cristo y Unión, provenientes de La Quebrada, se pueden avanzar algunas consideraciones.
El modus operandi más antiguo de las familias para su desplazamiento en el siglo XX era el siguiente: primero llegaban a la casa de algún conocido, mientras construían su casa de bahareque. Luego le pagaban con el trabajo de siembra al que los había hospedado en su casa. Era una especie de alquiler, pagado con trabajo.
Por terreno no había problema, durante los años 40 y en esta zona más apartada de las quebradas, porque nadie se hacía pasar por propietario. Así lo cuenta el señor Evaristo Mujica: Terreno sin dueño pues, porque cada quien se hacía dueño del terreno…  (rozaba) y ya era suyo.
Eso se explica pues tras la depresión del 29 y la consecuente caída de los precios del café muchos de estos territorios habían sido abandonados.
Los habitantes de la Quebrada, que llegaron a ser más de cincuenta familias (incluyendo Quebrada Grande, El Ingenio, Santamaría y otras cercanas), tenían cada quien su siembra y sus animales. El método de preparación del terreno para siembra era la roza, y la quema posterior, lo que queda establecido como un método mucho menos abrasivo que la quema extensiva.
Sembraban caraota, frijol, yuca, maíz, caña[1], quinchoncho, ocumo, cambur, café, cacao, y en menor cantidad, tomate y otras hortalizas; y criaban animales: cochinos, gallinas, chivos, unas pocas vacas, caballos y burros para carga. El señor Virgilio tenía bastante burro. Los empleaban para subir la cosecha y venderla en la ciudad. En el puente de La Matica y en el Cabotaje vendían sus productos. Al señor Tomás Manso, de Puerto Escondido, también le llevaban mercancía. Además, los vecinos de la Quebrada plantaron árboles de aguacate, mango, naranja, limón, lechosa y otros. Las matas de onoto y otras ornamentales eran comunes en las cercanías de los ranchos. Algunas mujeres, acompañadas de sus hijas o nietas, subían desde la Quebrada con su cesta de aguacate para la venta. Posteriormente se comenzaron a comercializar los terrenos y casas. El señor Celso, por ejemplo, vendió su terreno por los años 60.

Típica vega, en la que se asentaban las casas de bahareque (Quebrada Grande)

Además del trabajo de conuco, cría de animales y bodegas, otras actividades económicas eran la producción de carbón de madera y la apicultura (desarrollada por Juan Rojas, el colmenero).
Sobre la fabricación de carbón evoca J.G.:
Mi papá (Basilio) era carbonero. El carbón era la leña. Uno cortaba la roza, sacaba la madera, los palos, tumbaba con hacha, después quemaba la roza. Después papá la rodeaba. Después iban y armaban el horno. Yo lo sé armar. Lo tapaban con tierra y monte. Mi papá y mi tío Nicolás hacían carbón, y lo llevaban a vender en Don Marcos Díaz, los almacenes mayores, en Cabotaje, junto a la UNESA.  Don Marcos compraba verduras, granos, carbón y, en general, la cosecha de los conuqueros; además les vendía el mercado, que lo pagaban con frecuencia con su cosecha. A los conuqueros habituales también les fiaba, hasta el tiempo de la cosecha. A Tomás Manso, en Puerto Escondido, le llevaban tomates, maíz. Los sábados era el día de mercado. Subían con todos los burros a llevar la carga al mercado. El que no tenía burros, o tenía mucha carga, alquilaba el flete de los burros.
Otra actividad complementaria era la caza. Todavía en el año 2017 nos tocó ver en el recorrido de la quebrada a un grupo de cuatro cazadores, con sus perros y escopetas, siguiendo la pista de los báquiros.
Nosotros cazábamos venado, báquira, lapa, acure, y toa vaina –recuerda Evaristo M. Nosotros no teníamos perros pero la demás gente tenía perros. Le echaban los perros al venado. Hay que saberlo cazar, corre más duro que el carajo. Los perros los buscaban por el rastro. Perro arrecho. Perros buenos. Unos que llamaban los López, unos que vivían por Paracotos, tenían perros buenos. Un perro bueno no lo vendían. Había manadas como de veinte báquiros. [2]

Los báquiros buscan donde retozar y alimentarse

Los perros siguen el rastro de venados, acures y báquiros

Los niños jugaban con agua, hacían pozos –pequeños desvíos- en la misma Quebrada Grande, y se bañaban en ellos. En esa época las aguas eran limpias y utilizables para el consumo de los pobladores, humanos y animales. Cuando las aguas del torrente principal dejaron de ser potables –sobre todo a raíz de los vertidos de los edificios de La Ladera, ya en los años 70, quedaban no obstante diversos pozos de manantial, con agua pura, tanto en la Quebrada Santamaría como en la de El Ingenio, y en la de Guareguarito.

Pozo de manantial en la Quebrada El Ingenio. De ahí se tomaba agua para beber.

Los niños también jugaban con metras y pelota de goma. La hora del juego era al anochecer, después de acarrear el agua necesaria, y de hacer los oficios de la casa. Se agradecían las noches cuando estaba la luna clarita, pues entonces los hermanos y hermanas menores podían jugar hasta tarde en el patio de la casa. A  veces los niños se acostaban a ver las estrellas y los cocuyitos que alumbraban con intensidad esos campos.
Los muchachos se enamoraban cuando iban a la quebrada a buscar agua. Allí se iban conociendo. Por los caminos y conucos también se encontraban y enamoraban. En época de trabajo se ayudaban unas familias a otras, o se contrataban a los jóvenes como peones. En el intercambio de trabajo se iban conociendo más. Los jóvenes varones tenían más libertad para salir de sus casas de bahareque a visitar a las otras familias, pero las jóvenes no tanto. Para casarse lo debían autorizar los padres. El pretendiente hacía la casa de bahareque para la pareja y, tras obtener el permiso del padre de la joven, se daba por hecho el matrimonio. No había formalidades ni civiles ni religiosas. Algunos jóvenes varones tenían la costumbre de lanzar piedritas a la muchacha que le gustaba. Era una señal de su interés por ella.

Restos de fogón de vivienda en la Quebrada El Ingenio

Las mujeres todas parían allá abajo. Se mencionan algunas comadronas. Anselma Castro vivía un poco más abajo de la Q. Santamaría, en Q. Grande, y era tenida por muy buena comadrona. Josefa Ramos, vivía en la Q. El Ingenio. Viviana era otra comadrona que vivía en El Cristo. A pesar de la existencia de estas pocas comadronas, también se conoce algún caso de neonatos muertos, como dos morochos Granadillo.
La gente poco se enfermaba. Cada familia usaba sus propios remedios naturales. Los remedios de la mamá de Claudia Rojas eran los siguientes: la fregosa con el mastuerzo para los parásitos, para la diarrea la sopa de cambur verde y ocumo, para la fiebre la mata de cundiamor, para dolores de barriga el ajo con aceite, para el oído el árbol de algodón, la mata de malva para el dolor de cabeza, pasote para la tos. Cuentan que Luis José quitaba mal de ojo y curaba picado de culebra. El señor Evaristo Mujica, cuando vivía en la Quebrada, fue picado por una tigra en el año 1964 y ensalmado por este José Luis o Cipriano, otro vecino conocedor de tales artes.
En relación a la educación, tampoco había maestra ni escuela, a excepción de la maestra Aurora, que vivía en la boca de la Q. El Ingenio, y que es recordada entre los años 1950 y 1965 dando clases. El gobierno de la época pagaba a la maestra, que vivía en la ciudad y bajaba a la Quebrada a dar clases en una casita con patio, que las familias habían dispuesto para ello. Los hermanos mayores de Claudia Rojas aprendieron a leer y escribir con ella. Las hijas de Gabino Mujica también recibieron clases de esta maestra.
No había luz eléctrica, ni llegó a haberla en la Quebrada. Utilizaban lámparas de querosén. Allí poco se escuchaba música, ni había radio. Sin embargo, había varias bodeguitas y canchas de bolas (Nicolás González y Jesús Pacheco tenían cancha). Y había algunos arpistas y músicos (Eusebio Reveti, Gabino Mujica y Ramón Huerta tocaban arpa; Evaristo Mujica, su hijo, y Basilio González cantaban). Más tarde se usaron radios a pila, y también linternas para alumbrarse.
Pila de linterna, pieza de lavaplatos, y rueda de caucho maciza,
hallados en vivienda de El Ingenio (2017)


Poste testigo del proyecto incumplido de 
electrificación de la Quebrada
(cerca del año 1970) por el antiguo sendero de San Corniel.

Mi papá Basilio cantaba joropo mirandino. Papá me contaba. Amanecían en la quebrada bailando y tomando. Tomaban cañablanca (o cañaclara) y vino para las mujeres. Era vino dulce, Sagrada Familia. Las mujeres no tomaban caña. Pero ahora no, ahora está todo eso igualito. (JG)

Hilera de cauchos delimitando la cancha de bolas al borde de la Quebrada. Así como ésta,  existieron varias canchas, tanto en Quebrada Grande, como en Quebrada Santamaría  y en  Quebrada El Ingenio.




[1] Menciona la caña la señora Valentina, cuyo papá provenía de Lara. Actualmente, Manuel Yépez, oriundo de Lara, también muestra interés por la siembra de la caña.
[2] Ver https://es.scribd.com/doc/69856147/Historia-Local-de-Paracotos, para una referencia más amplia a la fauna y la caza.

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